De lugares comunes
March 2, 2007
Es insólito como todo en esta vida se compensa. Así como recibí hace unas dos semanas la triste noticia de una muerte, hoy fue la del nacimiento del hijo de un amigo querido. Es tan milagroso percibir en una foto la promesa del futuro, la felicidad de los padres recién estrenados en el amor a primera vista de ese hijo. Todo esto suena cliché y manido, pero al mismo tiempo es tan real y factual que uno no puede evadirse del lugar común de sentirse también feliz y reconciliado, esperanzado con la vida.
Sobre distintas dudas
February 25, 2007
I
Estos días han sido extraños. Uno de mis cuñados, Alonso, está aquí junto con sus 3 compañeros de investigación de la universidad alemana donde hace su doctorado. Están haciendo un estudio sobre los asentamientos informales o slums como les llaman aquí desde el punto de vista urbanístico, ambiental, humano, etc. Apenas un día después de su llegada recibimos la noticia de la muerte de Alejandro, el mejor amigo de mi otro cuñado, Ricardo (tengo cuatro cuñados por el lado de mi esposo). En ese momento, no pude sino pensar de nuevo que Dios no existe y volví a mis dudas y cuestionamientos religiosos, pero al mismo tiempo no pude sino asombrarme ante la coincidencia de que en dos ocasiones en menos de unos pocos meses, hemos estado con familia durante trances difíciles. Trances por demás que tanto para nosotros como para nuestra familia visitante hubieran sido difíciles de sobrellevar si no hubiéramos estado juntos. El año pasado tuvimos un susto de salud cuando la mamá de Lino estaba de visita, la médico que terminó atendiéndonos había hecho pasantías en Caracas con los médicos de mi suegro, quienes de larga distancia nos la refirieron. ¿A qué atribuir estas coincidencias? Uno las agradece cuando se está tan lejos y no se cuenta sino con uno mismo y su pareja, y con suerte con algunos amigos que haya podido hacer. Pero luego pienso en los millones de personas a las que las coincidencias no les acompaña y me entran las dudas de nuevo. ¿Qué es lo que nos hace buscar asideros para la fe? ¿Por qué necesitamos tener fe? A pesar de todas las dudas, me voy a misa a orar buscando alivio. La misa la dan unos curas de Medellín de misión por acá, en la capilla coreana de una de las pocas iglesias cristianas en Dhaka.
II
He recorrido obsesivamente la red durante esta semana, leído blogs, corregido cosas en el mío, supongo que para evadir la impotencia de la lejanía y la tristeza. Entretanto, el mundo ha seguido su propia dinámica. Han habido blogs hackeados y terminados por acciones vandálicas. La comunidad bloguera se ha solidarizado sin distingos. Se ha suscrito un manifiesto por la libertad de expresión bloguera. En Bangladesh, Muhamed Yunus se acaba de lanzar de candidato y ha fundado un partido que busca aliviar la polarización que vive este país. Otra parte de la población busca convocar a un plesbicito para que este gobierno de transición se quede y siga metiendo presos a los políticos que no puedan demostrar las fuentes de sus riquezas. Irak, Palestina, Irán esta semana siguen siendo los titulares de todos los días en las cadenas de noticias junto con Britney Spears, lo cual es como aberrante. La absurdidad con la estupidez tomadas de la mano. Las noticias de Venezuela no dejan aliento para la indignación, la perplejidad, la sorpresa, la duda, la esperanza. Llega un momento que no se sabe qué pensar o esperar en Venezuela, si al leer a compañeros blogueros chavistas uno les descubre sus propias dudas cuando lee algunas líneas amargas.
Divagación súbita
February 14, 2007

Estos últimos días he estado como Bangladesh. Presentando cambios climáticos radicales e inesperados en mi interior. Ando sin sosiego. No me puedo concentrar. Ni en el trabajo, en la lectura o en el blog. Me pican los pies. Quiero irme a pasear a alguna parte. No sé que me pasa.
Tengo mucha lectura pendiente. Todavía estoy con El Libro del Desasosiego de Pessoa. No es un libro que se pueda leer de una sentada. Por lo menos no para mí. Hay que irle poquito a poco y dejarlo decantar en uno. Para matizar, un amigo escritor, lusitano, encallado acá por cosas de la vida, me ha prestado un megatomo de la poesía de Pessoa en portugués. Nunca había tratado de leer en este idioma y la verdad es que es más sencillo de comprender que el italiano o el francés que se entienden bastante al leerlos incluso sin tener nociones previas de ellos.
Es quizás una de las cosas que me ha quitado algo de la inquietud irracional que cargo. Leer algo de poesía fresca, desconocida, de la cual uno siempre oye hablar con admiración y que cuando por fin nos avenimos a explorar, encontramos todas las razones del mundo ciertas para que sea considerada de capital importancia su lectura, no diría sólo para el conocimiento literario, sino como experiencia vital, sensible, estética. Me pregunto como hay gente que teniendo las posibilidades, tanto económicas como estructurales, de leer lo que quiera no lo hace. Para mí es una manera de vivir… de otra manera. La oportunidad de ganar otras experiencias, dar otras miradas a las cosas de la vida, de tomar más conciencia de uno mísmo, así como de disfrutar de un placer estético. Leo siempre, pero no tanto como me gustaría. Pierdo tiempo en tonteras.
Otra de las cosas que me ha quitado una pequeña angustia fue la actualización de mi wordpress a la version 2.1, lo mismo que el tema adaptado a esta versión. Me falta un plugin y pulir un poquito la interface. Pero he estado también diseñando una “carátula” completamente nueva y no termino de sentarme a codificarla. No sé si es que no me termina de convencer o qué. A ver si me animo durante el fin de semana.
Leo la prensa local. Bangladesh sigue en su proceso de limpieza. No sólo han detenido políticos corruptos, sino que edificios construidos con permisos amañados, sin mediar advertencias o procesos legales han sido echados abajo por bulldozers. Quienes han roto disposiciones poniendo locales comerciales en estacionamientos y sótanos tienen ya la amenaza de que deben habilitarlos o los demolerán si no lo hacen. Muhammed Yunus en carta abierta a los bangladeshis pide sus opiniones a ver si funda o no un tercer partido para rescatar al país de la hegemonía de las dos begum (leer post anterior). Ya se ha animado a presentarse a elecciones incluso sin partido. Hallan sitios arqueológicos antiquísimos de templos budistas. Pero reclaman recursos para evadir los saqueos. Amanecen cientos de tortugas marinas muertas en la costa y no saben si es por contaminación o qué. Encuentran una niña asesinada de unos diez años atada de pies y manos en un bolso deportivo que ha sido torturada de la forma más terrible. Piensan que trabajaba como ayuda en una casa.
De repente todas las quejas y angustias que dan vueltas dentro de mí suenan huecas y sin sentido. Porqué será que a veces sentimos que el mundo se nos viene encima por tonterías, cuando ya afuera es una pila de escombros y horror, de caos y tristezas. No necesita más ayuda.
Divagación post-electoral navideña
December 15, 2006
Luego de una travesía llena de inconvenientes y retrasos, llegué a Barcelona este sábado pasado a pasar las fiestas con mi hermana, la rusa joropera y a deslastrarme un poco de la atmósfera asiática.
La diferencia de horas y el viaje accidentado me cansaron más de lo acostumbrado y es ahora que me estoy recuperando, con más ganas a dejarme caer por el blog y los de los demás.
Esta ciudad es tan placentera y vivible que es como un sueño, tras dejar atrás el caos y la muchedumbre de Dhaka. Me dispongo a disfrutar de esta estadía. De ser posible visitar gente amiga en Madrid y Holanda. No darle mucho al coco. Leer en español. Ya me empecé La Enfermedad de Alberto Barrera con toda la anticipación del mundo. Iniciaciones de Israel Centeno, no lo encontré anteayer, cuando hice mi primera compra de libros, pero ya lo conseguiré en estos días. Está en la base de datos del FNAC, así que es cosa de volverlo a pedir.
He leído las reflexiones post-electorales y siento un consenso en que los resultados dentro de todo fueron buenos. Percibo, en general, confianza en esos resultados y en el futuro de la oposición bajo una dirigencia orientada hacia la estrategia y no la reacción veloz e impensada. Leo respeto hacia la responsabilidad de Rosales en reconocer el resultado. Hay las voces más apocalípticas, los regadores del rumor de las conspiraciones y componendas. Pero son los menos. Todos los escenarios que señalan podrían ser verdad, pero el proceso fue concreto, las evidencias fueron concretas. Lo demás son hipótesis. Las pruebas abrumadoras de la abstención en los estratos de clase media y en los segmentos de edades más productivos de la población suscitan preguntas. Así como la participación de los estratos más bajos producen respuestas. Hay lecturas que hacer de estos resultados electorales, y trabajo que juega garrote por hacer para integrar en la responsabilidad democrática a los abstensores.
El trabajo no sólo es de la oposición. La abstención es siempre la duda. ¿Se está haciendo tan bien? ¿Se está haciendo tan mal? ¿O realmente da igual?
Cualquiera que sean la tendencia y el escenario escogidos que más se acomoden a lo que uno cree, hay trabajo por hacer. El país no está bien. Y declarar lo contrario es querer tapar el sol con un dedo. El país no está bien y es responsabilidad de todos. Y la responsabilidad de todos, cualquiera que sea el color que más nos guste o favorezca, es hacerlo avanzar dentro de los caminos democráticos.
Pero ya tenemos seis años por delante para seguir discutiendo, analizando, para estar de acuerdo o disentir. No hay prisa y eso es una ventaja. Podemos prepararnos, podemos trabajar en pos de lo que aspiramos.
Y cómo no hay prisa, pues es mejor dejar entrar el espíritu de las fiestas de fin de año y darle un hiato a la inquietud política. Olvidarnos de la preocupación existencial. Dejar reposar al guerrero que llevamos por dentro. Aposentarnos en el hogar y disfrutar de nuestros tesoros: la familia y los amigos. Ensimismarnos en lo que nos gusta. Degustar una buena comida, “enrumbarnos”, leer el libro pendiente, salir de compras dentro de lo que se puede, echar el viajecito relajador o ponernos al día con el cine y darnos maratones de películas en casa. Lo que más nos guste pues. Las oportunidades están allí para momentos de felicidad y paz. Sólo hay que aprovecharlas.
Divagación del noticiero
November 5, 2006
Hay semanas que me cuesta bloguear. Esta es una de ellas, en la que me ha tratado de agarrar una gripe con visos de bronquitis, a la cual he tratado de evitar con cocteles de vitaminas, equinacia, frutas, antialérgicos, paracetamol y jarabes. Es el cambio de estación que se siente de una semana a otra en Bangladesh. Un día te estás muriendo de calor con treinta y muchos grados y al día siguiente ya hacen unos veintiocho que son más que bienvenidos. Pero el ambiente se hace más seco, se levanta el polvo de las calles y uno empieza a sufrir toda clase de gripes y alergias.
Las cosas se calmaron políticamente con la designación del cuidador del gobierno, en la figura del presidente. Aquí, como en otros países donde la figura del primer ministro es la definitoria del gobierno, también hay un presidente, que de verdad no sé cuál es su rol en el gobierno normal de acá ni en los de por ejemplo Alemania o Israel donde hay también presidentes. Otro día me meto en wikipedia a ver si lo averiguo. Hoy no tengo ganas. En todo caso, todo está más tranquilo en Bangladesh.
Luego de ver la noticias en la BBC donde reseñaron desde el juicio a Hussein, el interminable conflicto en Palestina, hasta la marcha de ayer de Rosales en Venezuela, pasando por el comienzo de la cacería del zorro en el Reino Unido, y terminando en el festival de robots de Japón, me pregunto quién decide qué noticias se emiten en estos noticieros de TV. Paso a CNN donde reseñan el último escándalo republicano en Estados Unidos esta vez provocado por un reverendo sinvergüenza, las elecciones al congreso, Iraq y Palestina, por supuesto, y los resultados de un experimento en un zoológico de Nueva York donde descubren que los elefantes se reconocen en el espejo al igual que los chimpancés y los delfines, únicos animales, aparte de los humanos, en hacerlo. No sólo me pregunto lo mismo que antes al ver este noticiero sino que además me asombro de la superficialidad de cada segmento y lo mucho más que ofrecen la prensa escrita y otras fuentes en internet.
Luego veo las noticias de las manifestaciones xenofóbicas y raciales en Rusia a raíz del aumento de la inmigración y me desaliento. He estado ordenando la información que tengo de mi ascendencia rusa en estos días, especialmente para mis hermanas que no tuvieron tanta oportunidad como yo de escucharlas de mi papá y mi abuela y estoy leyendo una gruesa edición de la historia cultural de Rusia, y no puedo dejar de pensar en la ignorancia que aumenta progresivamente en este mundo. Si mi padre no hubiera emigrado dejando Europa, yo no estaría en este mundo, ni mis hermanas, ni mis sobrinas. Esos rusos que no quieren ser multiculturales, olvidan o ignoran que su cultura y “raza” derivan de sucesivas invasiones, influencias, guerras y conquistas que ellos mismos o sufrieron o llevaron a cabo y que le dan distinción dentro de todas las culturas del mundo porque no puede considerarse netamente occidental, ni tampoco asiática… por lo menos, según este libro que me ha aclarado algunas lagunas.
En fin, demasiada información para la mañana y demasiadas reflexiones fragmentadas que no me caben acá. Con cada reflexión, preguntas. Con cada respuesta, la frustración ante un futuro que se perfila más ignorante a pesar de que habrá más conocimiento al alcance de todos. El mundo como que quiere permanecer en su ignorancia. En la ignorancia militante, la activa, la que se elige voluntariamente, porque es más fácil anquilosarse en creencias que no demanden compromiso, que no cuestionen, que no provoquen, que no conminen a indagar y buscar respuestas. El mundo pareciera querer sumergirse en una oscura “Edad Media” llena de cruzadas y combates por “verdades” absolutas… pero ¿cuáles verdades son las verdaderas?… Ok. Suficiente para empezar el día.
Termino este post, miro a través de la ventana y me ubico en Dhaka a media mañana. Mientras refresco la página del blog, reviso las cuentas por pagar y de repente el mundo se siente lejos, y me alivia.
Sobre un recuerdo mientras caminaba
September 7, 2006
Ayer hubo un día bello en Uganda.
El cielo no tenía ni una nube. Salí de un almuerzo de trabajo, a caminar por Kampala Road, una de las principales avenidas de la capital de este país. Es una avenida larga y bulliciosa, llena de tráfico y gente. En uno de sus lados, cerca de la estación central del tren, hay una serie de árboles sembrados que florecen igualito que el apamate rosado. No pude obtener el nombre de la mata. Aquí como me dice un amigo, sólo se conocen los nombres de las plantas que dan de comer. En el tope de una de ellas un marabou stork estaba parado. El marabú es una suerte de cigüeña que come carroña y basura y mide más de metro y medio parada, tiene una bolsa debajo el pico, como un pelícano, y su vuelo es lento y flotante. Es en gran medida responsable de la eliminación de la basura local.

Y en fin, el caso es que caminaba viendo la escena de la carroñera en el tope rosado del árbol en contraste con el azul tremendo del cielo, y no pude evitar preguntarme cómo fue que la vida me trajo hasta acá. En cómo mis sueños concretos de cuando más joven (acoto, por si acaso) no tienen nada que ver con los que tengo ahora ni con la realidad que estoy viviendo.
De repente, tuve una epifanía. Quizás, mejor dicho, me vino de muy dentro un recuerdo. Viajar siempre fue un sueño intrínseco. Secreto. Un anhelo inconfesado. Conminado por Las mil y una noches, las aventuras escritas sobre piratas pendencieros de Salgari, las anécdotas de Tom Sawyer en el mítico sur de los Estados Unidos, los cuentos rusos ambientados en misteriosos bosques con babayagas viviendo en dachas danzarinas, las épicas y romances de Pushkin, las biografías de seres excepcionales para su momento como Solimán el Magnífico, conquistador de tierras lejanas y extrañas, los policiales de Agatha Christie donde todo el mundo tenía algún pasado en las colonias africanas. Toda lectura que caía en mis manos era un viaje a algún paraje lejano de la realidad que vivía. Hasta el Ortiz de Casas Muertas, me reverberó la fascinacion del viaje a través de la lectura, cuando por casualidad al ir al pueblo ví las casas muertas de verdad, la iglesia abandonada y en ruinas y un esplendor olvidado en los ecos presentidos de sus paredes desnudas.
Y así, aquí estoy. A veces los sueños menos obvios se hacen realidad. Los que nos apuntalan la voluntad subversivamente. Los que la hacen inquieta y compulsiva. Aquí estoy. Recordando la insinuación de esos sueños entre las páginas de mis lecturas de niña, rememorando las noches encerrada en mi cuarto aprendiendo las mañas del insomnio, mientras camino en una de las avenidas de Kampala, Uganda.
Misceláneas de este último viaje I
September 2, 2006
Despues de estar un mes en Tanzania, uno y medio en Kenya, y ahora por unos días en Uganda, reconectarme es una experiencia surreal acentuada por la otra surrealidad que se siente estar aquí.
En estos viajes de trabajo en los que uno carga como que su casita portátil, la rápida adaptación al ambiente es fundamental, sobre todo si las estadías son largas. La clave está en identificar las semejanzas con lo que uno conoce y la apropiación de esas semejanzas para compensar las nostalgias. Digo yo. La fascinación con las diferencias hay que dejarla para los ratos libres. Como he vivido en esta parte de África me es fácil adaptarme. Me siento en casa, pero con el ingrediente adicional de asimilar los extraordinarios personajes de novela que encuentro en el camino. Supongo que para dichos personajes uno también es un personaje insólito. Hay veces que siento que me topo con miles de Maqrolles (recordando a Mutis), llenos de historias y aventuras, con los matices de la mística y los colores de la África post-colonial… porque tampoco son los Hemingway o las Karen Blixen, ni los Richard Burton o Livingstone (aunque de estos últimos uno se topa pero venidos de Texas no de la Gran Bretaña en plan misionero) que uno añoraría encontrar. Una época que está teñida de un romance que realmente no tuvo, por cuanto fue violenta en todo sentido y las consecuencias aún las está sufriendo el continente.
En medio del cóctel de impresiones diario, recibir una que otra noticia de la familia, o de los amigos en Venezuela a veces no siempre buenas, me arrugan el corazón y hacen aún más inesperada la experiencia. Porque me siento en casa pero no lo estoy. Mi casa en estos momentos está en Bangladesh y no siento ningunas ganas de volver. El desapego es paradójico y se me ha convertido en disyuntiva. La verdadera cuestión es dónde está mi hogar, mi refugio. Mientras encuentro la respuesta, igual para la segunda semana de septiembre ya me devuelvo a Dhaka.
Kenya

Podría quedarme a vivir en Kenya. No me canso del paisaje, de las contradicciones y búsquedas de este país tan paradigmático del Africa que uno ha mitificado. De las dinámicas sociales y raciales. Y luego me acuerdo de las nuestras y de lo que me estoy perdiendo de primera mano. Pero es diferente ser un observador que un participante. El segundo rol duele más, y yo soy medio cobarde en ese sentido. No me da pena admitírmelo. Y por eso quizás anhelo venirme de nuevo para acá. Para vivir vicariamente los procesos de allá en version africana.
Nairobi me recuerda a Bogotá. Y Bogotá comparte esa cosa con Caracas de estar compartimentada… o sea de tener sus zonas ghetto. Sus microcosmos sociales con dinámicas lingüísticas propias, distintos protocolos y distintas sensibilidades que juntas conglomeran y definen la ciudad. Así que ya ven, Nairobi es como Caracas, en cierto sentido, pero con el clima de Bogotá… están casi a la misma altura sobre el nivel del mar, tienen esa influencia inglesa tan marcada en la arquitectura, pero, por supuesto, en Bogotá no hay cuentos de leopardos comiéndose los perros del vecindario o de jirafas metiéndose en tu jardín si vives en los linderos de la ciudad. Ni tampoco en Caracas. Los cuentos son otros. Tenemos guacamayas surcando el cielo y venaditos matacanes en El Avila. Pero las historias de violencia y criminalidad son bastante parecidos.
Aquí en Kenya, luego de un mes de trabajo en Tanzania (junio), me tomé dos semanas de vacaciones con Lino y nos paseamos el Masai Mara, el Amboseli y Tsavo. El primero, reserva nacional administrada para los Masai, y los demás, parques nacionales. En Masai Mara, la migración viniendo de Serengueti estaba entrando. Miles de ñúes, cebras en tránsito ininterrumpido buscando los pastizales reducidos este año por la sequía. Animales tan acostumbrados al turista que ni se inmutan con la vista de los autos y los innumerables susurros en distintos idiomas de asombro y admiración ante ellos. He visto en algún viaje pasado a un par de leones pararse de su sitio en siesta para irse a recostar a una de las camionetas aprovechando la sombrita improvisada para pánico de los turistas desprevenidos y sorna de los guías. Estos mzungus!

En Amboseli pude ver, por fin, el Kilimanjaro desde la sabana que lo circunda. Siempre lo veía desde el aire en tránsito entre Kenya y Tanzania. En la visita a Serengueti, 4 años atrás siempre estuvo encapotado, cubierto de nubes. En Tsavo la experiencia fue ver la sabana agreste, con morichales y mogotes que recuerdan el llano guariqueño. Al ser un parque menos visitado y mucho más amplio, los animales son más recelosos de la presencia humana. Allí nos quedamos en el campamento Patterson a la orilla del río. Este hotel campamento no tiene cercas eléctricas, y los animales con frecuencia pasan a través de él para llegar al río especialmente durante la noche. Todas las mañanas encontramos entre las cabañas-tiendas los “recuerditos” de los elefantes. Pero no cerca de la nuestra. Los elefantes africanos cargan si sienten que una persona o vehículo están demasiado cerca.

Este campamento está situado donde el célebre Patterson mató al segundo de los dos leones devoradores de hombres que tenían asediada la construción de la línea del tren que viene de Mombasa. Los leones encontraban a los trabajadores traídos de la India, coolies, de lo más gustosos y fáciles de agarrar. La historia de Patterson, para variar con las historias africanas, fue llevada al cine con Michael Douglas y Val Kilmer, haciendo este último de Patterson. Pero este campamento resultó ser mi favorito porque justamente está metido en el monte. Sentados desde el patio donde se enciende el fuego se pueden ver los hipopótamos en el río, impalas que llegan a tomar agua en la orilla opuesta, los monitos vigilando a ver si uno deja algo al descuido, y los cocodrilos aguaitando algún ganso salvaje para el almuerzo.
En Tsavo se realizan importantes investigaciones sobre los elefantes y es allí de donde provienen las observaciones de sus comportamientos funerarios cuando muere un miembro de la manada, las variaciones del lenguaje y pruebas de su memoria y estructura social. En Tsavo opera también un programa de reinserción de elefantes huérfanos rescatados de una muerte segura, en ausencia de sus madres (ya sea causada por muerte natural o por cazadores furtivos) o de una manada que los adopte.

Es fascinante andar en la carretera y ver los baobabs secos, como gritándole al cielo con sus ramas enmarañadas y suplicantes, o los masai caminando de un pueblo a otro en la vera del camino, o ver pasar las cebras, jirafas o elefantes a un lado, porque no hay cercados ni ningún otro obstáculo físico que impida el tránsito libre de los animales.

En una estadía así de extensa, uno se apropia de las muletillas en swahili. Asante sana para las muchas gracias, karibú para bienvenido, sawa sawa para el ineludible okay, jambo para el hola, apana para el no, bwana en equivalencia al man del eslang en inglés o nuestro propio pana, mzungu para el blanco extranjero, kaburo para el blanco kenyano, entre otros… y así uno termina hablando el inglés africano del Este.
[Continuará]…
En la cueva
May 17, 2006
He estado alejada de aquí estos últimos días porque al finalizar el trabajo no soporto más a la computadora. La apago y me busco un libro o me instalo en la tele a no pensar. Flojera, que le llaman, a bloguear. Paso por alguno que otro blog pero no tantos como antes. El pasado viaje y algunas demandas de tiempo de mi trabajo y familiares (tenemos a la querida prima Carola de visita) me han hecho retraerme un poco y he caído en la negligencia con esto y con la pintura y con otros proyectos en mente en las últimas semanas.
Pero estoy llegando al llegadero con ello. También me está dando “jartera” mi negligencia.
Mi cuarto anda patas arriba… ese, el de la ventana desde donde miro los atardeceres, el cocotero y que es escenario de mis películas mentales. Así está mi cabeza, con un reguero de pensamientos hibernando a la espera de una chispa de vitalidad que los active. Hace un par de días tuve la experiencia de despertarme creando en sueños. Un proyecto de revista completo, una teoría de vida. Todo muy lúcido en sueños. Los sueños a veces son más claros que la vida misma, ¿no? ¿Que la vida es sueño? ¿Y los sueños, sueños son? Ay, Calderón. A veces no. A veces los sueños no son ni vida ni sueños.
Estoy divagando mucho… Quizás deba aterrizar en mí misma y salir de nuevo en una de resistencia. He leído hoy una frase de Uslar Pietri citada en El Universal con motivo de una exposición conmemorativa de su centésimo cumpleaños. Me gustó mucho la frase:
“…hay una (Venezuela) que ha sido y muchas que pueden ser; hay la que no puede salvarse y hay la que debe salvarse. De unas y otras, de una a otra Venezuela debe ir la angustia creadora de los venezolanos. De una a otra Venezuela, de la que no es a la que debe ser, ha de encaminarse la acción colectiva. Lo que no es otra cosa que invocar una política venezolana para un país que casi no la ha conocido”
Me gustó porque en alguna parte se puede aplicar a uno mismo… Uno ha sido uno, pero puede ser muchos… hay cosas de uno que no se pueden salvar (agrego yo… solucionar) y otras que deben ser salvadas (y/o solucionadas)… y de una a otra cosa, de las insalvables y a las por salvar debe ir nuestra angustia creadora (interna)… y bueno el resto del párrafo se lo dejo al país, el cual me parece pertinente y en concordancia con mi propia línea de pensamiento en referencia a Venezuela… aunque por supuesto quién decide qué es lo que es salvable y qué no…
Pero hoy el país no es mi centro. Tengo suficiente de las noticias bizcas de lado y lado no solo de Venezuela sino del mundo. De los dobles discursos y las hipocresías de la política. Definitivamente milito con el país como entelequia, como summum de lo propio. Como metáfora de génesis y apocalipsis… pero ya. Hasta allí. Supremamente. Y milito con este planeta y su diversidad. También hasta allí. Me alíneo con eso.
Los demás que se caigan a dentelladas si quieren. Prefiero dar besitos. Aunque suene cursi. Pero es que hoy prefiero ser cursi. Uno debe tener derecho a ser cursi…, ¿no? Y a que le de asquito el mundo de la “realidad real” de vez en cuando. Y a querer que todo sea paz y amor, y que todo lo “feo” no exista. A que la burbuja no explote y te salpique la cara la porquería de afuera [por no decir mierda, porque hoy no estamos de humor para tal palabra].
Voy a tener que abrir las cortinas del cuarto. Estoy demasiado encuevada.
…Ando de preparativos para otro viaje en dos semanas. La misma ruta africana (Tanzania, Uganda y Kenya), más o menos el mismo tiempo. Un mes y medio. A lo mejor eso es lo que me tiene encuevada.
…Necesito “resetearme” luego de estos últimos días raros. Comiendo arepas de budare con diablitos gracias a la prima de visita en Dhaka. Cosa curiosa… le abrieron la maleta en su escala en Kuwait [es decir, le robaron] y le desaparecieron el café, la harina pan y un par de sandalias… los diablitos, por suerte, los dejaron.
El País – Divagación
May 9, 2006
Esta es una divagación a partir de las preguntas que del país (Venezuela) se hace la Maga. Le hice un comentario y al leer los de los demás, me quedó la inquietud de reflexionar sobre las respuestas que yo me daría si me hiciera a mí misma esas preguntas. Por tanto esta no es una respuesta a la Maga, sino a mí misma. Es un repaso de mis sentimientos. Un ejercicio de re-afirmación.
Los venezolanos tenemos esa tendencia de cuestionar tanto al país. De preguntarlo tanto. De juzgarlo tanto. Nosotros somos el país. Desde la última persona que vive en la cima del “cerro” hasta la última persona que vive en la cima de la “colina”.
Comenté en el post El país en preguntas:
…El país es todas esas preguntas y muchas más respuestas. Unas llenas de amor y otras de amargura y tristeza. El país es eso. Contradicciones. Espantos. Pero también maravillas y amor y don de gente y sentido del humor y picardía. Y, no. Lo mío no es optimismo patológico ni nostalgia trasnochada. Hay país justamente en el contraste, en la diversidad, en la posibilidad de realidades disímiles, extremas. Al país hay que quererlo como a la familia a la que siempre se disfruta y se padece. Que amamos hasta la muerte y que padecemos hasta la muerte. De la que no nos podemos deshacer ni física ni moralmente. La que nos recuerda de dónde venimos y qué somos. El país está allí y es ineludible incluso desde la distancia más extrema. El país te define. El país existe y aunque nos pese, nos configura, y aunque nos pese, somos nosotros los que lo configuramos a él. Para el país nosotros también somos ineludibles.
Si nos fijamos bien, y empezamos a disectar con pinzas los odios y rencores, las divisiones y desacuerdos, al final siempre queda el amor por el país. Como concepto, sentimiento, base, entelequia. De cualquier forma que uno se defina se comparte un mismo punto con el otro. Y a lo mejor el amor que yo siento desde “mi” Caracas es diferente al que sienten otros desde la “suya” desde “su” Maracay o “su” Barquisimeto o “su” Mérida o “su” Maracaibo o “su” Cumaná. Pero es amor al final y está allí. Amor con amargura, con esperanza, con tristeza, con alegría, con pesimismo u optimismo.
Yo no creo en eso del “no-país”. Ni en demás metáforas, eufemismos, descalificaciones o hiperbólicos enaltecimientos que son como pastillitas para evadir y desapegarnos responsabilidades y cuyo efecto no es más que un espejismo.
El país somos nosotros. Siempre ha sido de todos, porque todos lo conformamos, pero antes ninguno quiso asumir que era de uno. De uno, ese paquete entero. Porque para que sea de uno verdaderamente, se tiene que asumir completo y poder decir que es una maravilla y que es tuya, pero también poder decir de todo aquello que es malo, que es una mierda y que es tuya, y llevar ese barranco encima sin que te quede nada por dentro. No es una cuestión de orgullos o vergüenzas. Es sencillamente aceptar lo que se es y lo que se tiene. Partir de allí para mejorar, potenciar, modificar, corregir, lo que se necesite. Y para lo que no se pueda, pues aceptarlo. Si no, no podremos encontrar belleza y futuro en los contrastes, en las miserias y esplendores que nos son propios.
A pesar de la nostalgia que me aniquila por días, estos viajes y andanzas solo me han acendrado el amor por el país. A verlo sin filtros caleidoscópicos. A deglutirlo sin la pastillita placebo, la que me inventa el cuento de que el culpable es otro, el personaje, la historia, los blancos, los verdes, los rojos, los del norte o los que trae la brisa caribeña. A tocar sus costuras y cicatrices. Su tersura. Porque la culpa no sirve para nada. Y sí. No estoy ahora allá, pero estuve. Siete años no han cambiado la cosa, sólo la han destapado, puesto al descubierto para el olfato de todos, lo que somos, lo que no fuimos y lo que podemos ser. Entiendo y comparto el agobio, el refugio en lo íntimo al que mucha gente opta. Esa escapada no es nueva. Es la de siempre. Yo la practico también. Y también la practiqué en el pasado. La promuevo como cuestión de higiene mental pero no como militancia.
Hoy amanecí en un día de resistencia. De salir afuera y decir lo que me parece obvio. De declarar que lo que es mío no ha dejado de serlo y que sí, a veces, por desidia, por facilidad, amanezco algunos días creyendo que me lo han quitado, cuando sencillamente lo dejo ir en cada momento que me tomo una de las pastillitas de espejismos. Cada vez que ese periodismo bizco me conmina a encostrarme en una esquina. La de mi conveniencia. Cada vez que decido creer lo que me es más fácil creer. Cada vez que me compro una esperanza estéril impresa en el periódico o la engañosa ilusión de que perdí mi país. De que Venezuela es otra o de otros.
Sí tengo país. Sí tenemos país. Cojea aquí y allá. Da un paso a la derecha y otro a la izquierda, se cae y se levanta, es ínfimo y supremo, todos los días. Y así lo quiero. Sin más. Como se quiere a los hijos y a los padres. Sin condiciones. Con la certeza de la pertenencia.
La palabra “país” no me es una metáfora es sólo una realidad que hay. Hay país. Tengo país. Tenemos país a pesar o gusto nuestro. A consecuencia y causa nuestra. En la cercanía y la distancia.
Uno no se debe dejar quitar lo que es suyo. Y menos por uno mismo. Esa es la respuesta a mí misma.
Divagación de Amanecer
February 21, 2006
He estado pensando mucho en la palabra amanecer.
En amanecer como verbo. Y siempre me admiro de lo hermosa que es y de lo intraducible que es como palabra y acción. Y con ella me viene ese verso del Chino Valera Mora, amanecí de bala, donde la luz del sol se confunde con la de un disparo, donde despertar es la violencia de la vida y el alivio de la muerte y las ganas de no morir pero de matarse. Todo eso junto me trasmite amanecí de bala.
El diccionario de la Real Academia Española ayuda, pero tampoco termina de agarrar ese sentido del estar amanecido que significa tantas cosas a la vez. Nos dice:
| amanecer1. | ||
| (De lat. hisp. manescĕre). | ||
| 1. intr. impers. Empezar a aparecer la luz del día. Amanece a las ocho. Amanece nublado. | ||
| 2. intr. Llegar o estar en un lugar, situación o condición determinados al aparecer la luz del día. Amanecí en Madrid. Amanecí cansado. | ||
| 3. intr. Dicho de una cosa: Aparecer de nuevo o manifestarse al rayar el día. Amaneció un pasquín en la puerta de Palacio. | ||
| 4. intr. nacer. U. t. en sent. fig. | ||
| 5. intr. Aparecer o presentarse, especialmente de modo inesperado. U. t. c. prnl. | ||
| 6. intr. Am. Mer., Hond., Méx. y Nic. Pasar la noche en vela. U. m. c. prnl. | ||
| 7. tr. desus. Alumbrar, iluminar. | ||
Empezar a aparecer la luz del día es una definición un tanto espectral para mi gusto así como el resto de la definiciones relacionadas con aparecer. Son lejanas a esa experiencia cosmogónica y absoluta que es ver salir el sol en el horizonte, por ejemplo, del mar dormido, o sobre una cordillera nevada que se tiñe de rosado en el proceso, o de la llanura serena y dorada y fresca con la primera luz.
Cuando uno amanece, el sol sale por dentro, pero como amodorrado. Es el sol personal. No es una mera luz solita. Es todo un astro que nos determina a las horas del insomnio con su propio sueño y despertar. Cuando uno amanece al final de una noche en vela hay una continuidad del mundo afuera por dentro, que nos hace sentir alumbrados, que nos provoca un estado alterado de la conciencia porque no pasamos el suiche del on/off de los sentidos… A veces me siento más viva luego de un insomnio, porque pude amanecer, pero también porque… anochecí (?)… No sé. No sé si uno puede anochecer…
Uno puede amanecer cansado, feliz, borracho, enamorado, triste, hastiado, aburrido, y pare de contar porque uno puede amanecer de todas la maneras. Pero no atardecemos, ni anochecemos no sé porqué. En todo caso a lo mejor sí pero no tenemos ese uso en las palabras. Quizás ese sol por dentro no se nos termina, sigue allí mientras estamos despiertos aunque la luz del día se haya ido. Quizás de noche aún podemos estar amanecidos y por eso no atardecemos ni anochecemos nunca… quizás y sólo cuando nos vamos a morir(?)… No lo sé.
Hoy casi amanecí, pero decidí dormir cuando escuché el aviso desde la mezquita de que se acercaban el sol y la mañana. Así que amanecí al mediodía de hoy, que por cosas de Alá es día de fiesta y pude darme el lujo de casi amanecer al amanecer pero postergarlo para el mediodía. Dormí alumbrada si es que esto es posible y tuve esos sueños raros que solo se tienen de mañana y que son de los que viven los terapistas junguianos y algunos escritores afortunados que viven en la lumbre perpetua.
Amanecerle a alguien, amanecer con alguien, amanecerse con alguien… en este punto les dejo las divagaciones a ustedes porque sé que han estado alguna vez en esas frases.



